LC
La cabeza de un general

Blog

La cabeza de un general

Published Mar 14, 2012

Views0
La cabeza de un general

20120315-luowenbin



Miguel Cara de Ángel, el hombre de toda la confianza del Presidente,

entró de sobremesa.calzado mbt—¡Mil excusas, señor Presidente! —dijo al asomar a la puerta del comedor.

(Era bello y malo como Satán)—. ¡Mil excusas, Señor Presidente, si vengo-ooo...

pero tuve que ayudar a un leñatero con un herido que recogió de la basura y no

me fue posible venir antes! ¡Informo al Señor Presidente que no se trataba de

persona conocida, sino de uno así como cualquiera!
El Presidente vestía,mbt zapatoscomo siempre, de luto

riguroso: negros los zapatos, negro el traje, negra la corbata, negro el

sombrero que nunca se quitaba; en los bigotes canos, peinados sobre las

comisuras de los labios, disimulaba las encías sin dientes, tenía los carrillos

pellejudos y los párpados como pellizcados.—¡Yo, el primero, Señor Presidente,

entre los muchos que profesamos la creencia de que un hombre como usted debería

gobernar un pueblo como Francia, o la libre Suiza,zapatillas mbto la industriosa

Bélgica o la maravillosa Dinamarca!... Pero Francia..., Francia sobre todo...

¡Usted sería el hombre ideal para guiar los destinos del gran pueblo de Gambetta

y Víctor Hugo!
Una sonrisa casi imperceptible se dibujó bajo el bigote del

Presidente, el cual, limpiando sus anteojos con un pañuelo de seda blanca, sin

dejar de mirar a Cara de Ángel,calzados mbttras una breve pausa

encaminó la conversación por otro lado.
—Te llamé, Miguel, para algo que me

interesa que se arregle esta misma noche. Las autoridades competentes han

ordenado la captura de ese pícaro de Eusebio Canales, el general que tú conoces,

y lo prenderán en su casa mañana a primera hora. Por razones particulares,

aunque es uno de los que asesinaron a Parrales Sonriente,mbt preciosno conviene al Gobierno

que vaya a la cárcel y necesito su fuga inmediata. Corre a buscarlo, cuéntale lo

que sabes y aconséjale, como cosa tuya, que se escape esta misma noche. Puedes

prestarle ayuda para que lo haga, pues, como todo militar de escuela, cree en el

honor, se va a querer pasar de vivo y si lo agarran mañana le quito la cabeza.

Ni él debe saber esta conversación;mbtsolamente tú y yo... Y tú ten

cuidado que la policía no se entere que andas por ahí; mira cómo te las arreglas

para no dar el cuerpo y que este pícaro se largue. Puedes retirarte.
El

favorito salió con media cara cubierta en la bufanda negra. (Era bello y malo

como Satán). Los oficiales que guardaban el comedor del amo le saludaron

militarmente. Presentimiento;zapatos mbto acaso habían oído que

llevaba en las manos la cabeza de un general. Sesenta desesperados bostezaban en

la sala de audiencia, esperando que el Señor Presidente se desocupara. Las

calles cercanas a Palacio y a la Casa Presidencial se veían alfombradas de

flores. Grupos de soldados, al mando del Comandante de Armas, adornaban el

frente de los cuarteles vecinos con faroles, banderitas y cadenas de papel de

China azul y blanco.